La multiplicación de este tipo de establecimientos se ha extendido de forma sorpresiva, hasta el punto en que es raro no tener un chino de barrio a pocos metros de casa. Los oportunos horarios, la acertada relación calidad/precio (RCP) y una paleta de sabores que facilita la evangelización de los públicos más heterogéneos, ayudan a que esta invasión se extienda tanto por los barrios más pudientes como por los rincones más insospechados de nuestras ciudades.