Aparte de ser camarero, Alejandro debería dedicarse a la clarividencia gastronómica si existiera ese oficio. "Ese que acaba de llegar va a pedir una escalope a la milanesa, con guarnición de verduras frescas", murmura a mi oído, como esos sujetos que aconsejan a cual caballo apostar en las carreras del Hipódromo. Sin chistar pongo un billete de diez pesos sobre la mesa (a que no) y Julián, uno de veinte.