Desde primera hora de la mañana, las calles de Kowloon –da igual cuál- se pueblan de puestecillos de comida: los que madrugan desayunan en la calle un tazón de soja y una especie de churro alargado llamado you tiao; los que adormecen hasta el mediodía, se tropiezan con vendedores de empanadillas chinas (dim sum) y puestecillos de arroz y sopas varias; y los que se quedan en ayuno hasta el mediodía saben que a buen seguro encontrarán algún que otro vendedor de huevos legendarios, de insectos fritos o de patos lacados en plena calle...